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Misterios y Leyendas

El Caballero guardian

En cierta ocasión hace unos años, una buena amiga toledana nos explicaba que en los muros exteriores de una de muchas iglesias del casco antiguo de Toledo, en el conocido como el barrio templario, y más concretamente en la iglesia de San Justo había lo que algunos toledanos calificaban como el guardián de la entrada al barrio, un torso a tamaño natural de lo que parecía un misterioso caballero.
Acudimos al lugar donde nos comentaron se encontraba dicha figura, y allí estaba a una altura considerable a unos 3 o 4 metros sobre el nivel del suelo.

No había que poner mucha imaginación para ver lo que parecía un caballero con el brazo cruzado sobre su pecho.

Las dudas y las preguntas saltaron en nuestra cabeza, que era esa figura? ……, obra de alguna persona? …… una curiosa mancha de humedad?..... Teleplastia?...

No tenemos constancia que se realizada ningún tipo de examen a dicha figura, que para nosotros siempre fue una curiosa mancha de humedad, que eso si, visitábamos regularmente por si hubiera alguna clase de modificación en ella, que nunca pudimos apreciar.

En el año 2007 se rehabilita entre otras partes la fachada de San Justo, en la rehabilitación desaparece la extraña figura suponemos que para siempre, pero en nuestros muchos viajes a Toledo, siempre encontrábamos una excusa para pasar por dicha fachada por si por alguna casualidad el barrio volviera a necesitar de custodio caballero apareciendo de nuevo en los muros de San Justo, por ahora no es así, en la pasada Semana Santa del 2010, y ya la fachada rehabilitada dicha figura seguía sin aparecer.

Y aunque volvemos a repetir que para nosotros no era mas que una curiosa mancha de humedad, solo por el convencimiento que nos pude dar un seguimiento durante cierto tiempo sin haber realizado mas pruebas, nos gusta pensar que fuera lo que fuese, el conocido como barrio templario de Toledo, tubo un dia su Caballero Guardian.


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Piramides de Guimar

A comienzos de 1.990 surge una noticia en los medios de comunicación que provocaría un intenso debate que aún continua, aunque ya no genere los mismos ríos de tinta de aquellas fechas. El querido y odiado a partes iguales, Paco Padrón, periodista e investigador, fue el encargado de difundir la noticia en los medios de comunicación. El descubrimiento lo había efectuado hacía ya algún tiempo Emiliano Bethencourt, fundador del grupo de investigación “La Confederación Atlántida” y su compañero Félix Rojas. En el municipio tinerfeño de Güimar, hacia el sur-este de la capital, en lo que era un enorme solar de más de 60.000 metros cuadrados, ubicado en el barrio de Chacona, existían unas extrañas construcciones que recordaban, por poca imaginación que se invirtiera en ello, a “pirámides”.
La repercusión mediática que provocó esta atrevida insinuación no se hizo esperar. E innumerables fueron las portadas de periódicos y publicaciones a favor o en contra de su autenticidad.
A mediados de ese año, el primer artículo del mencionado Paco Padrón, que llevaba una sección dominical en un importante rotativo local y en el que publicaba las conclusiones a las que había llegado La Confederación Atlántida, llegó a manos de Thor Heyerdahl. Este famoso antropólogo y aventurero vio en aquella fotografía en blanco y negro la clave que tanto había buscado. Se puso de inmediato en contacto con el señor Bethencourt, con intención de organizar un encuentro y visitar el lugar. Esta sería, a nuestro juicio, la gota que colmó el vaso.

Entroncadas teorías:
Thor Heyerdahl había dedicado parte de su vida a tratar de demostrar que hace miles de años debió existir una conexión entre las principales civilizaciones del viejo y el nuevo mundo. Lideró diferentes expediciones para demostrar que la navegación fue posible en épocas anteriores a lo que la historia aseguraba, posibilitando la expansión y comunicación entre ambos continentes. Desde luego, su biografía es apasionante. Heyerdahl remarcaba la impresionante similitud de multitud de elementos culturales y estructurales existentes en civilizaciones tan alejadas como la Inca y la Egipcia. Su teoría partía de ahí. Esa conexión debió establecerse mediante la navegación, ya sea por el Pacífico o por el Atlántico. Y fue en este último donde el enclave de Güimar le encajaba a la perfección. El vio en estas construcciones el rastro de la expansión de las culturas más importantes del Nilo hacia el continente americano.
Evidentemente su teoría situaba su manufactura en un contexto histórico anterior a la llegada de los españoles en el siglo XV.
Prácticamente todos los estamentos oficiales en esta materia de la isla, como el Departamento de Prehistoria de La Universidad de La Laguna, mantienen que se trata de construcciones de carácter evidentemente etnológico y no arqueológico. Y su postura es tajante. Fueron fruto de la acumulación de piedras con el fin de limpiar el terreno para su uso agrícola. Práctica habitual en nuestras islas debido a su geografía, en la que los terrenos pedregosos son limpiados y acondicionados para crear “terrazas de cultivo” y así aprovechar las laderas menos accesibles. Al tratarse de una zona cuya inclinación no era muy pronunciada, los lugareños no debían esforzarse en llevar los pedruscos que sobraban demasiado lejos, acumulándolos al borde del mismo terreno a cultivar ¿Pero por qué pirámides? La respuesta responde a la lógica más pura. Si la idea es amontonar piedras en una estructura más o menos estable, la figura geométrica más indicada para esto es la piramidal. Construían una especie de “corral” de muros bajos con las mismas piedras, rectangulares en la mayoría de los casos, que posteriormente eran rellenados. Este relleno, al alcanzar la altura de los muros iniciales, servía como base para otro “corral” de dimensiones inmediatamente inferiores y así sucesivamente, dando el aspecto final escalonado que ahora presentan. Los científicos locales aseguran que esto debió ocurrir hacia el siglo XVIII, en el que se aprovecho el terreno, poco apto para otro tipo de agricultura, para plantar pencas y tuneras, que eran infectadas con un parásito conocido como “cochinilla”. Este insecto era recogido en su madurez, desecado al sol y machacado para conseguir un polvillo que se usaba para generar un tinte de tonalidad carmín, muy apreciado para la industria textil de la época. Estos amontonamientos son conocidos como “majanos”, vocablo por otra parte muy presente en la toponimia insular.
¿Pruebas a favor o en contra?
Desgraciadamente no hay referencias históricas suficientes como para certificar su antigüedad prehispánica. Al parecer existe un acta notarial de compraventa de la finca, fechada en 1854, en la que no se hace constar su presencia. Sin embargo son nombradas por primera vez en un documento de partición del terreno firmado en 1881. Es curioso el hecho de que los lugareños, vecinos del barrio, no han dado importancia alguna a estas estructuras. A aquel que las visite le saltará a la vista la proximidad del recinto en el que se encuentran a las viviendas y calles colindantes.
El ya mencionado Departamento de Prehistoria de La Universidad de La Laguna, realizó una serie de prospecciones arqueológicas en el año 1993 sin hallar resultados concluyentes. Se encontraron restos de cerámica y herramientas de obsidiana, de talla claramente aborigen, en el mismo estrato geológico que otros restos de origen histórico. Prueba evidente de que el terreno había sido removido en una época posterior a la conquista. Esto, unido a que no se encontró resto orgánico alguno, hacía prácticamente imposible fechar el emplazamiento.
En 1.999 arqueólogos de la Pacific Lutheran University, de Washington, en colaboración con otros españoles, llevaron a cabo excavaciones en una de las pirámides de mayor longitud. Llegaron a profundizar unos dos metros y descubrieron que estaban construidas, en su interior, con piedras de mucho menor tamaño que las de los muros externos, además de arena, siendo estos dos elementos perfectamente útiles para el cultivo y que no deberían retirar del terreno colindante si su intención era simplemente amontonar las piedras grandes que entorpecerían las labores de labranza. Los primeros restos orgánicos se hallaron tres años antes, en 1997, en una cueva situada al pié la pirámide que se encuentra más al este del complejo. Una cueva con fines habitacionales con restos que se pudieron fechar en el siglo VII d.C. Pero esto no indica para nada que la antigüedad de las construcciones sea la misma.
Una de las investigaciones más curiosas y, desde nuestro modesto punto de vista, más sorprendentes en cuanto a sus resultados, fue realizada por científicos del Instituto Astrofísico de Canarias. Una investigación astro-arqueológica de la que los científicos César Esteban, Juan Antonio Belmonte y Antonio Aparicio realizaron un informe publicado en los rotativos canarios en 1991. De este informe se pueden extraer afirmaciones como esta:
“Mediante esta investigación hemos encontrado que, independientemente del propósito con que fuesen construidos o de su fecha de erección, los majanos podrían ser útiles, como estación astronómica, para la predicción de fechas claves del ciclo agrícola, y en consecuencia, para establecer un calendario.”
En este estudio no solo aseguraron la extraordinaria precisión con la que había sido alineado el complejo piramidal, sino que esas alineaciones servían para medir con absoluta exactitud fechas clave como el solsticio de verano y el de invierno. Además, pudieron constatar in situ un curioso fenómeno óptico que solo se da en una fecha determinada y en un radio de superficie bastante limitado. Esto ocurría, según estos señores, el 21 de junio de ese mismo año, a las 22 horas:
“No sólo nuestras predicciones eran las correctas, y el Sol se puso en el lugar esperado, sino que, además, nuestra sorpresa fue enorme cuando después de una primera ocultación, en el borde interno sur de la caldera de Pedro Gil, parte del disco solar emergió de nuevo, siendo el fenómeno visible durante unos dos minutos.” En esta investigación dejaban bien claro que el emplazamiento no había sido escogido al azar.
¿Elaborada construcción o simple amontonamiento?
Ahora mismo todo el emplazamiento esta enclavado en el interior del Parque Etnográfico Pirámides de Güimar, erigido para la conservación y el estudio de estas enigmáticas construcciones, según algunos, o un auténtico modelo de oportunismo económico, según otros. El caso es que cualquiera puede ahora visitarlo, eso si, previo pago de una entrada no excesivamente cara. Y al pasear por sus caminos, trazados para evitar pisar sobre el terreno propiamente dicho, uno se asombra al observar a simple vista la más que curiosa rectitud y nivelación de los escalones que conforman estas estructuras.
De hecho, de las observaciones y estudios realizados por Thor Heyerdahl, se desprenden los siguientes elementos de su proceso de construcción.

1) Están construidas, casi íntegramente, de piedra volcánica. Esto sugiere que fueron escogidas ex profeso. El resto de terrazas de cultivos situadas por los alrededores estaban constituidas por cantos rodados sin preferencia alguna.
2) El alineamiento es lo suficientemente preciso como para sugerir que se utilizó algún sistema para conseguirlo, probablemente mediante el empleo de cuerdas.
3) Todas las rocas están colocadas cuidadosamente con su canto más plano hacia el exterior, para conferirle una apariencia más uniforme. Además utilizaron piedras anguladas para las esquinas, dando muestra algunas de haber sido trabajadas para darle esta forma.
4) Las pirámides del complejo principal están presididas por dos zonas aplanadas y niveladas, a modo de plazas. En una de sus caras sendas escaleras suben hasta la cúspide de cada una. Esta escalinata aparece presente en todas las pirámides siempre en su cara oeste.
Desde luego da toda la impresión de que su constructor, cuando menos, buscaba cierta apariencia estética.
Otro curioso estudio vino de la mano del geólogo alemán Walter B. Hähnel, quien tras analizar la composición de las rocas que las forman llegó a la determinación de que las mismas no correspondían con la composición del terreno colindante. Según sus estudios las rocas debieron ser extraídas de la Montaña Nueva, a casi 4 kilómetros del barrio de Chacona.

Frente a estos datos hay que destacar un hecho importante. Ninguna parece presentar señal alguna de que su estructura fuese de algún modo dañada por las erupciones volcánicas acaecidas entre diciembre de 1704 y febrero de 1705. En esas fechas tres volcanes entraron en erupción uno tras otro con una diferencia de semanas. El 31 de diciembre de 1.704 entró en erupción el volcán de Siete Fuentes, situado en el municipio de Aríco, a pocos kilómetros al sur-este de Güimar. Le siguió el volcán de Fasnia, el 5 de enero del año siguiente, a poca distancia del primero y situado sobre la dorsal que separa dicho municipio del de Güimar. La última erupción, el 2 de febrero, vino de parte del volcán de Arafo, situado en la cumbre del municipio del mismo nombre, hacia el noreste. Dicho de otro modo, toda esa vertiente sur-este fue el núcleo principal de la actividad sísmica derivada ¿Quiere esto decir que no estaban construidas aún, como así apuntan los escasos registros escritos? ¿O que su proceso de edificación estuvo diseñado para resistir la más que conocida sismicidad de la isla por los aborígenes?
¿Pirámides o piedras “entongadas”?
La ciencia no acepta bajo ningún concepto el carácter ritual de los majanos y por tanto la antigüedad que los situaría en una época anterior a la conquista. Y el equipo de investigadores de La Confederación Atlántida fue y es duramente criticado por proponer algo semejante y no digamos de Heyerdahl y de su idea de “montar” un “Parque Etnográfico”. El estudio realizado por los científicos del I.A.C. fue también discutido por otros especialistas. Es más, Juan Antonio Belmonte, uno de los astrónomos que realizaron dicho estudio, aclaró en una rueda de prensa celebrada en el Centro de Estudios Hispánicos, en el Puerto de la Cruz, en 1996, que los participantes en el mismo “jamás habían sugerido que las pirámides fuesen una construcción aborigen”. Hay quienes se sienten prácticamente ofendidos y tachan estas teorías como un autentico atentado contra la historia y la identidad del pueblo canario.
Un detalle a tener en cuenta es que, las que nos ocupan, no son las únicas construcciones piramidales con estas características que podemos encontrar en nuestra geografía. Ni siquiera, fuera de ella. En otro municipio tinerfeño, en Icod, aún hoy se encuentran en algunas fincas privadas, unas construcciones muy similares, solo que en este caso de forma hexagonal. También se ha detectado la presencia de estos enigmáticos promontorios en la vecina isla de La Palma, llamada Pirámide de Los Cancajos. Fuera del archipiélago, en Isla Mauricio, en el océano índico, a miles de kilómetros de Canarias, existen unas estructuras que guardan una similitud asombrosa con las del valle de Güimar.
¿Qué son? Suponemos que el tiempo lo dirá, como con casi todo. Muchos ya lo tienen claro. Nosotros no ponemos ni quitamos. Pero tampoco creemos que sea una deshora suponer que nuestros ancestros poseyeran los conocimientos astronómicos y arquitectónicos que pudieran necesitar para llevar a cabo una hazaña semejante. Nosotros somos de aquí y nos gusta pensar que por nuestras venas aún corre la misma sangre que daba vida a aquellos hombres nobles que moraron en esta tierra antes que nosotros. No creemos que menoscabe en lo más mínimo la identidad cultural del pueblo Guanche. Si cabe, a nuestro corto entender, la enriquecería.

Fuentes:
-Canarias Mágica. José Gregorio González. Ediciones Corona Borealis 2003.
-“Pirámides de Güimar”, artículo publicado en El Día el 25 de junio de 2009, por José A. Infantes Burgos.
-¿Templos? Artículo publicado en el suplemento La Prensa del Domingo, el 28 de julio de 1996 por José Gregorio González.
-Investigación astronómica sobre los “majanos” de Güimar. Instituto de Astrofísica de Canarias.
-“Ahora que está aquí Thor Heyerdahl para investigar las pirámides de Güimar”. Artículo publicado en el Diario de Avisos por Francisco Padrón el 2 de diciembre de 1991.
-http://elguanche.net/Ficheros/piramidescanarias.htm Web de Francisco P. de Luka Vicepresidente y miembro de la Sección de Etnolingüística de la Asociación Cultural Tamusni.
-Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus Posesiones de Ultramar, por Pascual Madoz. Tomo IX, página 83. Madrid, 1830.


Firmado: Carlos Soriano - Clave7 ©



El Mencey loco

¡Guañooooooth! ¡Achamaaaaaannnn! El eco de aquel alarido encolerizado y lastimero retumbaba entre las laderas escarpadas de Anaga desde hacía días. Los comandos castellanos seguían su rastro con la idea de apresar a aquel de quien provenían. No perdonarían su vida. El miedo, pensaban, le ha vuelto loco.

Desde lo alto, con lamirada perdida en la escarpada holografía que le vio nacer, Beneharo sentía como la impotencia anidaba en su alma. Aquellas cumbres, que por legítima herencia le fueron legadas por sus antepasados, habían sido generosas con él y con su pueblo durante siglos. Allí, siempre fue libre. Las nieblas de Anambro, las aguas que daban vida al barranco de Afur, la atalaya de Taborno, el roque sagrado de Taganana, hasta el último rincón de aquella tierra amaba. Pero el verde pasto que había alimentado a su ganado se había teñido de sangre.

¡Guañooooooth! ¡Achamaaaaaannnn!

Aquel invasor pasaba a cuchillo a todo hermano suyo que osara oponerse y se apoderaba de sus rebaños, acorralando cada vez más a los pocos que aún sobrevivían. Atrás quedó la unión gloriosa de todos los meceyes, en pos de un único fin común, que había dado como resultado la victoria en Acentejo. Allí, con sus banotes de madera y piedras vencieron a las tropas extranjeras, con armaduras y extrañas armas que lanzaban fuego. Recordaba con júbilo como aquel Adelantado perdió los dientes mientras huía como un cobarde de su isla.

Pero volvió.

¡Achamaaaaaannnn! ¡No podía ser! ¡Hombres, mujeres! Adorado Majek ¡Los niños! ¡Guaaaaaañooooooth! Conocía de las atrocidades cometidas por el invasor en La Gomera, donde no hubo contemplación alguna de edades. Y Beneharo corrió por aquellos escarpados riscos, ya descalzo, sin el menor atisbo de vértigo, pues conocía cada rincón de aquella tierra desde chinijo. ¡Achamaaaaaaaannnn!

Traición.

Añaterve, mencey de Güimar, hijo del gran Acaymo, había favorecido al invasor mostrándole las mejores rutas para acceder de nuevo al norte de la isla desde Añazo, donde había permitido el desembarco de sus tropas. Había confabulado con el enemigo, mientras su raza era masacrada en un nuevo enfrentamiento en Aguere. La traición de la propia raza. Beneharo no podía asimilar algo así, más cuando había visto a sus congéneres luchando a pecho descubierto con más valor que armas. Él, que había conseguido imbuir de nuevo valor en los corazones  de los pocos faycanes con los que podía contar, conduciéndolos a una muerte segura. Allí murió Bencomo, el más grande mencey de Tahoro, el más sabio, que había unido a todos los menceyatos como un solo ejercito. Allí murió, enfrentándose al De Lugo con casi 70 años.

Beneharo enloqueció de rabia e implorando a los diose del cielo y de los infiernos aún tiempo, buscó refugio en la inaccesibilidad de sus riscos.

¡Achaaamaaaaaaaannn! ¡Guaaaañoooooth!

¡Guaaaaaañooooooth! Y día tras día, noche tras noche, de risco en risco, aquel eco retumbaba entre las montañas. ¡Achamaaaaaaaannnn!

Pero su pueblo no se rindió. Y la Liga de Tahoro volvió a reunir a sus hombres. Bentor, como sucesor de su padre, Bencomo, arengó a unos 6.000 guanches, hombres y mujeres, para lo que debía ser la batalla definitiva. No calló en la falsa treta del De Lugo, que envió a un canario converso, Fernando Guanarmete, para que aceptara la rendición. No lo permitiría. Confiarían de nuevo el terreno, que conocían bien, y los esperaron una vez más emboscados en el barranco de Acentejo. Pero los castellanos, aleccionados por la primera gran derrota, mejor organizados, arremetieron con saña. Y la matanza de aquella terrible jornada doblegó por fin la única resistencia que impedía la conquista extranjera.

¡Aaaachaaaaamanaaaaannn! Dios creador ¿por qué nos has abandonado? Mi pueblo respetó a la madre tierra durante milenios ¿Cuál fue nuestro mal?

¡Guayotaaaaaa! Demonio del fuego, que tantas veces intentaste robarle la tierra al Guanche, convirtiendo en yermos sus fértiles valles. Que una vez tuviste el valor de apresar en tu negrura a Majek ¿Dónde escondes tu furia ahora?

La sangre de hombres y mujeres libres que lucharon con valor por seguir siéndolo. El dolor de sus hermanos que no querían otra cosa que vivir en paz. Ese dolor lloró en los ojos de Beneharo, doblegando sus fuerzas y postrándole de rodillas. Cual era aquel dios, que adorara aquel pueblo, que hiciera distinción entre los hombres. Que le impulsara a llegar, desde el otro lado del horizonte, a tierras ajenas y matar las almas de sus gentes con el veneno de la esclavitud.

¡Guañooooooooht! ¡Achamaaaaaannn! ¡Yo soy libre! ¡Siempre seré libre!

Se puso en pié apretando los puños y lanzó su añepa al abismo. Miró al Echeyde, a lo lejos, por encima de todo. Miró la tierra a sus pies, cada roque, cada barranco. Y comprendió al fin. Nadie podrá esclavizar su alma, jamás, pues no existía dios conocido o extranjero que pudiera arrebatarle el poder de decidirlo. Y con la templanza, el orgullo y la nobleza de un Mencey, Beneharo saltó al vacío, seguido por el eco mientras aclamaba por última vez a su dios.

¡Achamaaaaaannnn!

Una vez escribió el poeta:

No puede morir jamás,

quien de esclavo se libera

rompiendo para ser libre,

con su vida las cadenas.

Ramón Gil-Roldán, Cantata del Mencey Loco, La Raza.

Tenerife, 12 de septiembre de 1919.


© Carlos Soriano

Tenerife, 2009



La mona de pascua.

La Pascua es considera una de las fiestas más solemnes del año litúrgico. Los antiguos cristianos la denominaban “Fiesta de las Fiestas”. Es la fiesta en que el Hijo de Dios viene a redimirnos y a devolvernos todo lo que habíamos perdido a causa del pecado de Adán.
Según la Iglesia Católica, el día de Pascua ha de celebrarse el primer domingo después del plenilunio que sigue al 20 de marzo. Los niños esperan este día con ilusión para recibir la tradicional “Mona” con que los padrinos obsequian a sus ahijados, costumbre de origen muy antiguo. Consiste en una pasta elaborada de diversas formas en la que, como complemento se ponían huevos duros.
Se le da el nombre de “mona” porque, según se dice, los pasteleros al confeccionarla, le daban esta forma o ponían alguna figura de este animal porque el pueblo la llamaba así.
La costumbre de poner huevos viene porque en casi todos los países de la antigüedad el huevo era símbolo del Creador. Los griegos y los romanos los ofrecían a sus dioses, cuando deseaban purificarse, y además eran servidos en los ágapes funerarios para purificar el alma de los difuntos.
En los primeros tiempos del Cristianismo, al establecerse el periodo cuaresmal, se prohibió comer no solo carne y leche, sino también huevos. A causa de esta abstinencia se hacia una extraordinaria provisión de huevos durante este periodo y para que se conservaran mejor se cocían.
Los cristianos mantenían el concepto de dar al huevo el carácter simbólico de la divinidad para representar la resurrección de Jesucristo y por este motivo los adornaban de diversos colores. El más usado era el rojo en recuerdo a la sangre derramada por Jesús en la Cruz. Cuando llegaba el sábado Santo, los llevaban a bendecir y los regalaban a los parientes y amigos.

Esta costumbre pascual es de origen tan primitivo que se supone que representa la renovación de la naturaleza y que el obsequiarse con huevos pintados rememora el principio de todas las cosas, idea o creencia que tenían en algunos países europeos en las épocas en que se comenzaba el año en tiempo de Pascua, lo cual motiva que se generalizara más esta costumbre en esta festividad, tanto sagrada como profana.
Es muy probable también que esta costumbre proceda de los antiguos hebreos, los cuales comenzaban el año civil el día de Pascua, conmemoración del aniversario de su liberación, un hecho muy importante en su historia.
Cuando llegaba la Pascua amasaban panes o cocas sin levadura, para los cuales utilizaban la primera harina recolectada. Con estos panes se hacían presentes a las personas queridas, y es casi seguro que estos presentes dieron origen a los que en la actualidad conocemos con el nombre de “mona”, equivalente a la latina “munus” que significa presente.
Para los musulmanes que antiguamente habitaban el reino de Valencia la palabra “muna” significaba el importe que pagaban por el alquiler de las tierras en determinadas épocas del año, un impuesto que consistía en cocas, productos agrícolas y huevos cocidos. La palabra muna se derivó en mona, palabra que se conserva todavía en marruecos.



En la antigüedad era costumbre que la “mona” llevase tantos huevos como años tenia el ahijado obsequiado y se hacia hasta que el ahijado llegase a la pubertad. Esta costumbre casi ha desaparecido y ahora la mona de Pascua es muy diferente a su origen. Pero aunque han desaparecido las cocas y los huevos, el presente con el que los padrinos obsequian a sus ahijados el día de Pascua conserva el mismo nombre.
Ahora el chocolate es el rey y los maestros pasteleros sacan a relucir todo su arte realizando verdaderas esculturas, algunas de ellas monumentales, que van desde el típico huevo (ya no cocido, si no de chocolate) hasta la representación de los personajes mas populares del cine o la televisión.
Hay monas para todos los gustos, aunque ese día se resienten muchos bolsillos y el padrino se ve aliviado el día que el ahijado llega a la pubertad.
La Pascua es pues otra de esas fiestas cristianas pero con orígenes y simbolismo pagano, una costumbre que el cristianismo no pudo borrar y que adoptó como propia, pero que en realidad se pierde en la oscuridad de los tiempos.
Firmado: Mª José Pérez, Vicepresidenta “SEAMP”, 2010
mariajose@seamp.net



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