seamp

La mona de pascua.

La Pascua es considera una de las fiestas más solemnes del año litúrgico. Los antiguos cristianos la denominaban “Fiesta de las Fiestas”. Es la fiesta en que el Hijo de Dios viene a redimirnos y a devolvernos todo lo que habíamos perdido a causa del pecado de Adán.
Según la Iglesia Católica, el día de Pascua ha de celebrarse el primer domingo después del plenilunio que sigue al 20 de marzo. Los niños esperan este día con ilusión para recibir la tradicional “Mona” con que los padrinos obsequian a sus ahijados, costumbre de origen muy antiguo. Consiste en una pasta elaborada de diversas formas en la que, como complemento se ponían huevos duros.
Se le da el nombre de “mona” porque, según se dice, los pasteleros al confeccionarla, le daban esta forma o ponían alguna figura de este animal porque el pueblo la llamaba así.
La costumbre de poner huevos viene porque en casi todos los países de la antigüedad el huevo era símbolo del Creador. Los griegos y los romanos los ofrecían a sus dioses, cuando deseaban purificarse, y además eran servidos en los ágapes funerarios para purificar el alma de los difuntos.
En los primeros tiempos del Cristianismo, al establecerse el periodo cuaresmal, se prohibió comer no solo carne y leche, sino también huevos. A causa de esta abstinencia se hacia una extraordinaria provisión de huevos durante este periodo y para que se conservaran mejor se cocían.
Los cristianos mantenían el concepto de dar al huevo el carácter simbólico de la divinidad para representar la resurrección de Jesucristo y por este motivo los adornaban de diversos colores. El más usado era el rojo en recuerdo a la sangre derramada por Jesús en la Cruz. Cuando llegaba el sábado Santo, los llevaban a bendecir y los regalaban a los parientes y amigos.

Esta costumbre pascual es de origen tan primitivo que se supone que representa la renovación de la naturaleza y que el obsequiarse con huevos pintados rememora el principio de todas las cosas, idea o creencia que tenían en algunos países europeos en las épocas en que se comenzaba el año en tiempo de Pascua, lo cual motiva que se generalizara más esta costumbre en esta festividad, tanto sagrada como profana.
Es muy probable también que esta costumbre proceda de los antiguos hebreos, los cuales comenzaban el año civil el día de Pascua, conmemoración del aniversario de su liberación, un hecho muy importante en su historia.
Cuando llegaba la Pascua amasaban panes o cocas sin levadura, para los cuales utilizaban la primera harina recolectada. Con estos panes se hacían presentes a las personas queridas, y es casi seguro que estos presentes dieron origen a los que en la actualidad conocemos con el nombre de “mona”, equivalente a la latina “munus” que significa presente.
Para los musulmanes que antiguamente habitaban el reino de Valencia la palabra “muna” significaba el importe que pagaban por el alquiler de las tierras en determinadas épocas del año, un impuesto que consistía en cocas, productos agrícolas y huevos cocidos. La palabra muna se derivó en mona, palabra que se conserva todavía en marruecos.



En la antigüedad era costumbre que la “mona” llevase tantos huevos como años tenia el ahijado obsequiado y se hacia hasta que el ahijado llegase a la pubertad. Esta costumbre casi ha desaparecido y ahora la mona de Pascua es muy diferente a su origen. Pero aunque han desaparecido las cocas y los huevos, el presente con el que los padrinos obsequian a sus ahijados el día de Pascua conserva el mismo nombre.
Ahora el chocolate es el rey y los maestros pasteleros sacan a relucir todo su arte realizando verdaderas esculturas, algunas de ellas monumentales, que van desde el típico huevo (ya no cocido, si no de chocolate) hasta la representación de los personajes mas populares del cine o la televisión.
Hay monas para todos los gustos, aunque ese día se resienten muchos bolsillos y el padrino se ve aliviado el día que el ahijado llega a la pubertad.
La Pascua es pues otra de esas fiestas cristianas pero con orígenes y simbolismo pagano, una costumbre que el cristianismo no pudo borrar y que adoptó como propia, pero que en realidad se pierde en la oscuridad de los tiempos.
Firmado: Mª José Pérez, Vicepresidenta “SEAMP”, 2010
mariajose@seamp.net