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Piramides de Guimar

A comienzos de 1.990 surge una noticia en los medios de comunicación que provocaría un intenso debate que aún continua, aunque ya no genere los mismos ríos de tinta de aquellas fechas. El querido y odiado a partes iguales, Paco Padrón, periodista e investigador, fue el encargado de difundir la noticia en los medios de comunicación. El descubrimiento lo había efectuado hacía ya algún tiempo Emiliano Bethencourt, fundador del grupo de investigación “La Confederación Atlántida” y su compañero Félix Rojas. En el municipio tinerfeño de Güimar, hacia el sur-este de la capital, en lo que era un enorme solar de más de 60.000 metros cuadrados, ubicado en el barrio de Chacona, existían unas extrañas construcciones que recordaban, por poca imaginación que se invirtiera en ello, a “pirámides”.
La repercusión mediática que provocó esta atrevida insinuación no se hizo esperar. E innumerables fueron las portadas de periódicos y publicaciones a favor o en contra de su autenticidad.
A mediados de ese año, el primer artículo del mencionado Paco Padrón, que llevaba una sección dominical en un importante rotativo local y en el que publicaba las conclusiones a las que había llegado La Confederación Atlántida, llegó a manos de Thor Heyerdahl. Este famoso antropólogo y aventurero vio en aquella fotografía en blanco y negro la clave que tanto había buscado. Se puso de inmediato en contacto con el señor Bethencourt, con intención de organizar un encuentro y visitar el lugar. Esta sería, a nuestro juicio, la gota que colmó el vaso.

Entroncadas teorías:
Thor Heyerdahl había dedicado parte de su vida a tratar de demostrar que hace miles de años debió existir una conexión entre las principales civilizaciones del viejo y el nuevo mundo. Lideró diferentes expediciones para demostrar que la navegación fue posible en épocas anteriores a lo que la historia aseguraba, posibilitando la expansión y comunicación entre ambos continentes. Desde luego, su biografía es apasionante. Heyerdahl remarcaba la impresionante similitud de multitud de elementos culturales y estructurales existentes en civilizaciones tan alejadas como la Inca y la Egipcia. Su teoría partía de ahí. Esa conexión debió establecerse mediante la navegación, ya sea por el Pacífico o por el Atlántico. Y fue en este último donde el enclave de Güimar le encajaba a la perfección. El vio en estas construcciones el rastro de la expansión de las culturas más importantes del Nilo hacia el continente americano.
Evidentemente su teoría situaba su manufactura en un contexto histórico anterior a la llegada de los españoles en el siglo XV.
Prácticamente todos los estamentos oficiales en esta materia de la isla, como el Departamento de Prehistoria de La Universidad de La Laguna, mantienen que se trata de construcciones de carácter evidentemente etnológico y no arqueológico. Y su postura es tajante. Fueron fruto de la acumulación de piedras con el fin de limpiar el terreno para su uso agrícola. Práctica habitual en nuestras islas debido a su geografía, en la que los terrenos pedregosos son limpiados y acondicionados para crear “terrazas de cultivo” y así aprovechar las laderas menos accesibles. Al tratarse de una zona cuya inclinación no era muy pronunciada, los lugareños no debían esforzarse en llevar los pedruscos que sobraban demasiado lejos, acumulándolos al borde del mismo terreno a cultivar ¿Pero por qué pirámides? La respuesta responde a la lógica más pura. Si la idea es amontonar piedras en una estructura más o menos estable, la figura geométrica más indicada para esto es la piramidal. Construían una especie de “corral” de muros bajos con las mismas piedras, rectangulares en la mayoría de los casos, que posteriormente eran rellenados. Este relleno, al alcanzar la altura de los muros iniciales, servía como base para otro “corral” de dimensiones inmediatamente inferiores y así sucesivamente, dando el aspecto final escalonado que ahora presentan. Los científicos locales aseguran que esto debió ocurrir hacia el siglo XVIII, en el que se aprovecho el terreno, poco apto para otro tipo de agricultura, para plantar pencas y tuneras, que eran infectadas con un parásito conocido como “cochinilla”. Este insecto era recogido en su madurez, desecado al sol y machacado para conseguir un polvillo que se usaba para generar un tinte de tonalidad carmín, muy apreciado para la industria textil de la época. Estos amontonamientos son conocidos como “majanos”, vocablo por otra parte muy presente en la toponimia insular.
¿Pruebas a favor o en contra?
Desgraciadamente no hay referencias históricas suficientes como para certificar su antigüedad prehispánica. Al parecer existe un acta notarial de compraventa de la finca, fechada en 1854, en la que no se hace constar su presencia. Sin embargo son nombradas por primera vez en un documento de partición del terreno firmado en 1881. Es curioso el hecho de que los lugareños, vecinos del barrio, no han dado importancia alguna a estas estructuras. A aquel que las visite le saltará a la vista la proximidad del recinto en el que se encuentran a las viviendas y calles colindantes.
El ya mencionado Departamento de Prehistoria de La Universidad de La Laguna, realizó una serie de prospecciones arqueológicas en el año 1993 sin hallar resultados concluyentes. Se encontraron restos de cerámica y herramientas de obsidiana, de talla claramente aborigen, en el mismo estrato geológico que otros restos de origen histórico. Prueba evidente de que el terreno había sido removido en una época posterior a la conquista. Esto, unido a que no se encontró resto orgánico alguno, hacía prácticamente imposible fechar el emplazamiento.
En 1.999 arqueólogos de la Pacific Lutheran University, de Washington, en colaboración con otros españoles, llevaron a cabo excavaciones en una de las pirámides de mayor longitud. Llegaron a profundizar unos dos metros y descubrieron que estaban construidas, en su interior, con piedras de mucho menor tamaño que las de los muros externos, además de arena, siendo estos dos elementos perfectamente útiles para el cultivo y que no deberían retirar del terreno colindante si su intención era simplemente amontonar las piedras grandes que entorpecerían las labores de labranza. Los primeros restos orgánicos se hallaron tres años antes, en 1997, en una cueva situada al pié la pirámide que se encuentra más al este del complejo. Una cueva con fines habitacionales con restos que se pudieron fechar en el siglo VII d.C. Pero esto no indica para nada que la antigüedad de las construcciones sea la misma.
Una de las investigaciones más curiosas y, desde nuestro modesto punto de vista, más sorprendentes en cuanto a sus resultados, fue realizada por científicos del Instituto Astrofísico de Canarias. Una investigación astro-arqueológica de la que los científicos César Esteban, Juan Antonio Belmonte y Antonio Aparicio realizaron un informe publicado en los rotativos canarios en 1991. De este informe se pueden extraer afirmaciones como esta:
“Mediante esta investigación hemos encontrado que, independientemente del propósito con que fuesen construidos o de su fecha de erección, los majanos podrían ser útiles, como estación astronómica, para la predicción de fechas claves del ciclo agrícola, y en consecuencia, para establecer un calendario.”
En este estudio no solo aseguraron la extraordinaria precisión con la que había sido alineado el complejo piramidal, sino que esas alineaciones servían para medir con absoluta exactitud fechas clave como el solsticio de verano y el de invierno. Además, pudieron constatar in situ un curioso fenómeno óptico que solo se da en una fecha determinada y en un radio de superficie bastante limitado. Esto ocurría, según estos señores, el 21 de junio de ese mismo año, a las 22 horas:
“No sólo nuestras predicciones eran las correctas, y el Sol se puso en el lugar esperado, sino que, además, nuestra sorpresa fue enorme cuando después de una primera ocultación, en el borde interno sur de la caldera de Pedro Gil, parte del disco solar emergió de nuevo, siendo el fenómeno visible durante unos dos minutos.” En esta investigación dejaban bien claro que el emplazamiento no había sido escogido al azar.
¿Elaborada construcción o simple amontonamiento?
Ahora mismo todo el emplazamiento esta enclavado en el interior del Parque Etnográfico Pirámides de Güimar, erigido para la conservación y el estudio de estas enigmáticas construcciones, según algunos, o un auténtico modelo de oportunismo económico, según otros. El caso es que cualquiera puede ahora visitarlo, eso si, previo pago de una entrada no excesivamente cara. Y al pasear por sus caminos, trazados para evitar pisar sobre el terreno propiamente dicho, uno se asombra al observar a simple vista la más que curiosa rectitud y nivelación de los escalones que conforman estas estructuras.
De hecho, de las observaciones y estudios realizados por Thor Heyerdahl, se desprenden los siguientes elementos de su proceso de construcción.

1) Están construidas, casi íntegramente, de piedra volcánica. Esto sugiere que fueron escogidas ex profeso. El resto de terrazas de cultivos situadas por los alrededores estaban constituidas por cantos rodados sin preferencia alguna.
2) El alineamiento es lo suficientemente preciso como para sugerir que se utilizó algún sistema para conseguirlo, probablemente mediante el empleo de cuerdas.
3) Todas las rocas están colocadas cuidadosamente con su canto más plano hacia el exterior, para conferirle una apariencia más uniforme. Además utilizaron piedras anguladas para las esquinas, dando muestra algunas de haber sido trabajadas para darle esta forma.
4) Las pirámides del complejo principal están presididas por dos zonas aplanadas y niveladas, a modo de plazas. En una de sus caras sendas escaleras suben hasta la cúspide de cada una. Esta escalinata aparece presente en todas las pirámides siempre en su cara oeste.
Desde luego da toda la impresión de que su constructor, cuando menos, buscaba cierta apariencia estética.
Otro curioso estudio vino de la mano del geólogo alemán Walter B. Hähnel, quien tras analizar la composición de las rocas que las forman llegó a la determinación de que las mismas no correspondían con la composición del terreno colindante. Según sus estudios las rocas debieron ser extraídas de la Montaña Nueva, a casi 4 kilómetros del barrio de Chacona.

Frente a estos datos hay que destacar un hecho importante. Ninguna parece presentar señal alguna de que su estructura fuese de algún modo dañada por las erupciones volcánicas acaecidas entre diciembre de 1704 y febrero de 1705. En esas fechas tres volcanes entraron en erupción uno tras otro con una diferencia de semanas. El 31 de diciembre de 1.704 entró en erupción el volcán de Siete Fuentes, situado en el municipio de Aríco, a pocos kilómetros al sur-este de Güimar. Le siguió el volcán de Fasnia, el 5 de enero del año siguiente, a poca distancia del primero y situado sobre la dorsal que separa dicho municipio del de Güimar. La última erupción, el 2 de febrero, vino de parte del volcán de Arafo, situado en la cumbre del municipio del mismo nombre, hacia el noreste. Dicho de otro modo, toda esa vertiente sur-este fue el núcleo principal de la actividad sísmica derivada ¿Quiere esto decir que no estaban construidas aún, como así apuntan los escasos registros escritos? ¿O que su proceso de edificación estuvo diseñado para resistir la más que conocida sismicidad de la isla por los aborígenes?
¿Pirámides o piedras “entongadas”?
La ciencia no acepta bajo ningún concepto el carácter ritual de los majanos y por tanto la antigüedad que los situaría en una época anterior a la conquista. Y el equipo de investigadores de La Confederación Atlántida fue y es duramente criticado por proponer algo semejante y no digamos de Heyerdahl y de su idea de “montar” un “Parque Etnográfico”. El estudio realizado por los científicos del I.A.C. fue también discutido por otros especialistas. Es más, Juan Antonio Belmonte, uno de los astrónomos que realizaron dicho estudio, aclaró en una rueda de prensa celebrada en el Centro de Estudios Hispánicos, en el Puerto de la Cruz, en 1996, que los participantes en el mismo “jamás habían sugerido que las pirámides fuesen una construcción aborigen”. Hay quienes se sienten prácticamente ofendidos y tachan estas teorías como un autentico atentado contra la historia y la identidad del pueblo canario.
Un detalle a tener en cuenta es que, las que nos ocupan, no son las únicas construcciones piramidales con estas características que podemos encontrar en nuestra geografía. Ni siquiera, fuera de ella. En otro municipio tinerfeño, en Icod, aún hoy se encuentran en algunas fincas privadas, unas construcciones muy similares, solo que en este caso de forma hexagonal. También se ha detectado la presencia de estos enigmáticos promontorios en la vecina isla de La Palma, llamada Pirámide de Los Cancajos. Fuera del archipiélago, en Isla Mauricio, en el océano índico, a miles de kilómetros de Canarias, existen unas estructuras que guardan una similitud asombrosa con las del valle de Güimar.
¿Qué son? Suponemos que el tiempo lo dirá, como con casi todo. Muchos ya lo tienen claro. Nosotros no ponemos ni quitamos. Pero tampoco creemos que sea una deshora suponer que nuestros ancestros poseyeran los conocimientos astronómicos y arquitectónicos que pudieran necesitar para llevar a cabo una hazaña semejante. Nosotros somos de aquí y nos gusta pensar que por nuestras venas aún corre la misma sangre que daba vida a aquellos hombres nobles que moraron en esta tierra antes que nosotros. No creemos que menoscabe en lo más mínimo la identidad cultural del pueblo Guanche. Si cabe, a nuestro corto entender, la enriquecería.

Fuentes:
-Canarias Mágica. José Gregorio González. Ediciones Corona Borealis 2003.
-“Pirámides de Güimar”, artículo publicado en El Día el 25 de junio de 2009, por José A. Infantes Burgos.
-¿Templos? Artículo publicado en el suplemento La Prensa del Domingo, el 28 de julio de 1996 por José Gregorio González.
-Investigación astronómica sobre los “majanos” de Güimar. Instituto de Astrofísica de Canarias.
-“Ahora que está aquí Thor Heyerdahl para investigar las pirámides de Güimar”. Artículo publicado en el Diario de Avisos por Francisco Padrón el 2 de diciembre de 1991.
-http://elguanche.net/Ficheros/piramidescanarias.htm Web de Francisco P. de Luka Vicepresidente y miembro de la Sección de Etnolingüística de la Asociación Cultural Tamusni.
-Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus Posesiones de Ultramar, por Pascual Madoz. Tomo IX, página 83. Madrid, 1830.


Firmado: Carlos Soriano - Clave7 ©