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Barcelona Mágica

El pasado mes de marzo la SEAMP participó en un evento organizado por Carlos Mesa y que resultó ser un rotundo éxito.
Una ruta por la Barcelona Mágica y Misteriosa. Lamentablemente, no pudimos acoger a todos los que se apuntaron a dicha ruta, ya que el numero permitido por ley en una ruta guiada sin un guía oficial no puede superar las 25 personas.
Para evitar aglomeración se decidió cambiar el lugar de encuentro y decirlo solo a las personas que teníamos en lista, pero nuestra sorpresa fue mayúscula cuando al comenzar la ruta, en la calle Estruch nos encontramos a más de 50 personas preguntando por Carlos Mesa.
La magia de internet y las redes sociales habían hecho correr la noticia y una multitud nos esperaba.

Carlos, muy amablemente, les explicó a todos que era imposible hacer la ruta con tanta gente, que sólo los que teníamos en lista podían asistir y les dio a cada uno una tarjeta para que pudieran estar en contacto e informados para futuras rutas y eventos. Todos lo entendieron y pudimos continuar con el paseo sin más incidentes. Algún turista se nos acoplaba por el camino y la gente se detenía a mirar hacia donde nosotros mirábamos y, aunque algunos de nosotros se tuvieron que ir antes de terminar el recorrido, al final éramos más que al principio. Anécdotas de un recorrido maravilloso que a continuación nos detalla Carlos Mesa.
Calle Estruch
Casi enfrente del Corte Inglés de Plaza Catalunya, esta pequeña calle parece derivar de Astruc, nombre medieval o judío, según algunos, aunque en catalán la palabra “astrugança” quiere decir “suerte”. Quizás por ello una placa conmemorativa al final de la calle, nos evoca la magia, en una especie de lápida en honor a un mago, Astruc Sacanera, que vivió en el siglo XV. Astruc también es una hierba curandera y una palabra que se aplicaba a los brujos y curanderos.

La placa, puesta ahí por el hipnólogo Ricard Bru, muy conocido en los ambientes esotéricos, recuerda que en esta calle un mago vendía una pólvora especial y una piedra que permitía curar picaduras de insectos, incluso los venenosos. Por si fuera poco todas las puertas tienen los números decorados con simbología relacionada con la brujería y el esoterismo. Y en el número 14 de la calle hay un edificio del siglo XVIII, en cuyos balcones se aprecian dibujos de dragones y animales fantásticos. Hasta finales del siglo XX, la calle todavía contaba con una librería antropológica donde la familia Estruch, a la que siempre perteneció la misma, vendía todo tipo de objetos extrañísimos, fruto de los innumerables viajes de su dueño. Tuve la oportunidad de conocerle antes de su cierre definitivo

Masones en Portaferrisa y la Catedral.
En dirección hacia el mar, parándonos ahora en Portaferrissa, 11, se puede contemplar en la fachada, sobre la puerta, un conjunto escultórico de dos niños, con un triángulo encima de unos ladrillos, en medio de ellos. El niño de la derecha sostiene dos reglas, y el de la izquierda un compás y una paleta. Si alguno ha comprendido lo que significan estos símbolos se habrá dado cuenta de que aquí estuvo la masonería.

En el Archivo Histórico de Barcelona hay un expediente con una licencia de obras de 1867, proyectada por Domingo Sitjas. Y como no podía ser de otra forma, en los planos originales no aparece la escultura de los niños para no despertar sospechas. Cabe recordar que la masonería, según la Wikipedia, se describe como: La Francmasonería o masonería (del francés francmaçonnerie) es una organización autodenominada iniciática, filantrópica y filosófica. Sus miembros y simpatizantes sostienen que tiene como objetivo la búsqueda de la verdad y el fomento del desarrollo intelectual y moral del ser humano. Los masones o masónicos, tanto hombres como mujeres (masonas o masónicas), se organizan en estructuras de base denominadas logias, que a su vez pueden estar agrupadas en una organización de ámbito superior normalmente denominada ‘Gran Logia’, ‘Gran Oriente’ o ‘Gran Priorato’. Han sido asociaciones de carácter secreto. (…) El término francmasonería, sinónimo de masonería en español, proviene del francés francmaçonnerie y éste del francés maçon (albañil). También se admite la forma de masónico o masónica como sinónimo de masón o masona. En los países anglosajones, a diferencia de los hispanoparlantes, masonry se refiere a la albañilería o mampostería, mientras que ‘freemasonry’ se refiere a la Fraternidad Masónica”.

No es éste de Portaferrissa el único signo masón cercano, pues si nos damos una vuelta por el perímetro de la Catedral de Barcelona, en la calle de la Pietat, a la altura de la Casa del Canonges, en una de las ventanas de las capillas, se contempla un compás con la fecha de 1617. Y en los muros externos de la Catedral también se aprecia, como marca de canteranos, los tres puntos que conforman una pirámide, el símbolo arquitectónico de la masonería. Estos pertenecieron a un gremio concreto, el de la Hermandad de los Esteves
Destacados masones barceloneses fueron Clotilde Cerdà, hija de Ildefons Cerdà (de quien se sospecha que también lo pudo ser); Jaume Ferran, descubridor de la vacuna contra el cólera; Ernest Lluch (PSC), asesinado por ETA; Josep Irla i Bosch, ex presidente de la Generalitat de Catalunya, a principios del siglo XX; Lluís Companys, otro ex presidente de la Generalitat, fusilado el 15 de octubre de 1940; Víctor Balaguer, escritor y político a principios del siglo XX; y el enigmático Antoni Gaudí, que debió serlo en sus comienzos como arquitecto, pasó a ser un durmiente (como así llaman a los masones que abandonan su actividad), y luego abrazó el catolicismo, sin perder sus raíces simbólicas, su obsesión por los misterios, y su convicción en asuntos tales como el vegetarianismo y la salud.

Restos romanos en el Centre Excursionista y la antigua muralla
Barcelona fue fundada como colonia romana -Colonia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino- en el año 15 a.C. Se eligió su situación por estar en un emplazamiento que permitía controlar el comercio del puerto en lo alto de un pequeño monte, el Mons Táber (actual barrio gótico), y de fácil defensa. La distribución de la ciudad era el propio de las ciudades romanas, estando cruzada por una calle “decumanus” de más de 800 metros y una calle “Kardo maximus” perpendicular de hasta 550 metros. Ambas travesías finalizaban en las cuatro puertas abiertas en la muralla. En el cruce de estas dos calles se encontraba el Foro, lugar de encuentro y centro urbanístico que contenía los principales edificios: basílica, templos, termas y mercados. Y en especial el templo dedicado a Augusto, donde ahora se ubica el Centro Excursionista, en la calle Paradís, 10.
Del templo romano primigenio, sólo quedan cuatro de las columnas y que todavía pueden verse en su interior. Concretamente las situadas en el ángulo superior derecho. También se conserva parte del arquitrabe, pero integrado en otra construcción posterior. Era un templo de 35 metros de largo por 17,5 de ancho. Sobre un pódium se alzaban las columnas que lo rodeaban por todo el perímetro. Su pórtico “in antis” consta de seis columnas al frente. Estas están coronadas por unos capiteles de orden compuesto.
Formaba parte del conjunto de templos del foro de la ciudad romana de Barcino y estaba dedicado al emperador Augusto, cuya estatua presidía la calle.
Estas columnas son los restos romanos mejor conservados de Barcelona. El acceso para contemplarlas es gratuito, aunque no siempre se encuentra abierto el espacio donde se encuentran. Recomendable complementar la visita a las columnas, con la del Museo de Historia de Barcelona, situado en la planta baja de la Plaza del Rey, muy próxima a la calle Paradís. Este museo ofrece un recorrido por las ruinas romanas que se encuentran bajo la plaza, unos restos de gran valor arqueológico.
Cabe destacar que cuando me refiero a paganismo, hay que tener en cuenta que, de nuevo haciendo referencia a la Wikipedia, un “pagano es un concepto que se encuentra por vez primera en inscripciones cristianas de principios del siglo IV en el ámbito cultural del Imperio romano para designar a quienes en aquella época veneraban a los dioses y, por ende, rechazaban la creencia en un dios único que, según las creencias judías y cristianas, se habría revelado en la Biblia. Aunque algunos paganos podían tener creencias filosóficas de tipo monoteísta, se diferenciaban de los judíos y cristianos (y posteriormente de otras religiones abrahámicas como el Islam) en que no consideraban a la Biblia como libro sagrado ni rechazaban las prácticas tradicionales de veneración a los dioses, que cristianos y judíos calificaban de idolatría”.
La muralla romana de Barcelona, construida probablemente a finales del siglo IV, convirtió Barcino en uno de los más impresionantes recintos fortificados del occidente romano. La pequeña ciudad se había transformado en una auténtica fortaleza que hizo que, usurpadores como Máximo (a inicios del siglo V), o reyes visigodos como Ataulfo, la hicieran su capital. Fueron tan útiles estas murallas que defendieron la ciudad durante más de 600 años y quizás, gracias a ellas, Barcelona es la capital de Cataluña. Muchos historiadores las consideran como la fortificación provincial más importante del occidente romano. Su perímetro es de unos 1.350 metros, y forra la antigua muralla del momento de fundación romana de la ciudad. Barcelona era conocida como la ciudad coronada, ya que disponía de 74 torres cuya distancia no sobrepasa los 8 metros y frecuentemente sólo lo es de 6, excepción de la Plaza Nova, en la que algunas torres están separadas unos 10 metros. Las torres generalmente son de planta rectangular, aunque las que protegen las puertas son semicirculares e incluso hay una de forma poligonal. Su altura es de 18 metros y su anchura de 5′5 a 6 metros, por lo que el paramento exterior casi alterna en la misma distancia los espacios con torre con los espacios de muralla.
Las torres eran dos pisos más altas que el camino de ronda de la muralla, y en su parte superior disponían de ventanas de medio punto en cada uno de los pisos, que permitían el uso de las máquinas de guerra romanas. Contaba con 4 puertas, las dos calles sé que entrecruzan en la actual Plaza de Sant Jaume, donde se situaría el centro de la ciudad o foro romano, aunque el mercado se encontraba en la actual Plaza del Rey a tan solo unos metros. De estas 4 puertas se conserva parte de una de ellas en la calle del Regomir, junto a la Catedral. Conviene echarle un vistazo a las mismas, ya que son visibles detrás de una valla.
Para ver las murallas en su totalidad habría que destruir todos los edificios de la calle de la Palla, la calle de la Boqueria, la calle de Avinyó y la calle del Correu Vell. Por el contrario, la calle del Subteniente Navarro, junto a la Vía Layetana, muestra las murallas en todo su esplendor, así como la entrada del acueducto a la ciudad, detrás del edificio de Correos.

Al construirse la Plaza del Ángel se destruyeron las murallas para levantar el Hotel Suizo entre las calles de la Llibreteria y la nueva de Jaume I. A excepción de esta manzana y la de la fachada de la Catedral lo demás está encerrado entre viviendas medievales, barrocas y decimonónicas. Los tramos visibles están a ambos lados de la Catedral, pues claramente se ven las torres en las casas de la Pía Almoina, la casa de l’Ardiaca con su palmera de siglos y la única puerta y patio renacentistas de verdad de la ciudad, así como los restos del acueducto romano y el Palacio Episcopal con su magnífico patio románico.
Uno de los accesos al Barrio Gótico es en la Plaza Nova por la única puerta de las cuatro que existían que se conserva en parte, de la antigua muralla romana que rodeaba la antigua ciudad de Barcino. La puerta, hoy en día, sigue cerrada y no conduce a ninguna parte.

Hogueras para brujas en la Plaza del Rey
La Plaza del Rey se convirtió en el lugar donde se ajusticiaba a los reos en la Edad Media, junto a todos los herejes y brujas condenados por la Santa Inquisición. Cuando no había ajusticiamientos, la plaza se convertía en un mercado.

La Plaza del rey también se hizo popular porque en 1492, un agricultor o pagés (en catalán), hirió con un puñal al rey Fernando el Católico. El suplicio de este hombre, Joan de Canyamars, consistió en pasearlo en carro semidesnudo, junto al verdugo. En la Plaza del Blat se le cortaría una mano, en la del Born la otra. Y en la Plaza Sant Jaume se le degolló la nariz, un ojo y una pierna, muriendo desangrado a la vista de todos.
Como la prisión antigua se encontraba en la Plaza del Rey, cuando un reo se iba a ajusticiar, se le colocaba un cartel colgado del cuello con el delito cometido por escrito. En ocasiones se le colocaba una cinta roja desde la que colgaban los objetos robados o los utensilios que hubiera usado para cometer su crimen.
Saliendo de la prisión, y en dirección hacia la Baixada de la Llibreteria, se enfilaba hacia la calle Bòria, ahora en parte ocupada por la Vía Laeitana. A esta ruta morbosa, los barceloneses la conocían como Bòria Avall. El recorrido pasaba por la Placeta d’en Marcús, Montcada, Rere Palau, Consolat, Fusteria, Ample, Regomir, Ciutat, Bisbe y Plaza Nova. Finalmente al llegar a su destino, el reo era marcado en la espalda con unos hierros grabados del escudo de la ciudad, para que jamás se olvidara del suceso. Todo terminaba en la prisión de la Plaza del Rey, para los que tenían suerte, o bien en la hoguera o patíbulo de la misma plaza.
Los cómplices de cualquier tipo de delito eran azotados y se les obligaba a presenciar el ahorcamiento o el suplicio del fuego. A las mujeres, en cambio, si habían cometido alguna fechoría (salvo los casos de herejía), se les subía en un asno y se les paseaba completamente desnudas, con un capirote de colores y la barbilla inmovilizada para que no pudieran ocultar el rostro. Los nobles y privilegiados jamás eran castigados. Como mucho se les desterraba a un convento o castillo.
Para los herejes la Inquisición utilizaba el llamado “juicio de Dios mediante el agua”. En la Plaza del Rey se colocaba una balanza enorme. En uno de los platillos se situaba una Biblia, y en el otro al supuesto hereje o bruja. Si la persona pesaba menos que la Biblia se demostraba su inocencia.
No es de extrañar que los barceloneses tuvieran pánico a todo lo relacionado con la brujería, después de estos rituales o ceremonias que tanto gustaban a los dominicos y franciscanos. Así, en las puertas de la iglesia de Sant Martí de Provençals, en la Plaza Ignasi Puyol, todavía pueden apreciarse herraduras de la buena suerte o símbolos que también servían para ahuyentar los encanterios.

Templo romano en la iglesia de Sant Just i Pastor
Sin movernos del Barrio Gótico, la iglesia de San Just i Pastor, en la Plaza Sant Just, está construida sobre lo que fue un templo romano y pagano dedicado al culto de Mitra. De hecho, en su interior todavía puede verse el altar románico reformado para dar cabida al culto cristiano, destacando por encima de todo el resto de la obra. Se dice incluso que Sant Just i Pastor es la cristianización del culto a Cástor y Pólux, héroes griegos que en latín se conocieron como Gémini y Castores, inmortales dioses del Olimpo. Ambos participaron en la expedición de los argonautas junto a Jasón.

Sobre la historia de Mitra extraemos el siguiente texto de la Wikipedia:
“Se denomina mitraísmo o misterios de Mitra a una religión mistérica muy difundida en el Imperio romano entre los siglos I y IV d. C. en que se rendía culto a una divinidad llamada Mitra o Mitras y que tuvo especial implantación entre los soldados romanos. Los orígenes de esta religión no se conocen de forma precisa, aunque los estudiosos coinciden en afirmar que llegó al mundo romano desde Oriente, concretamente desde Asia Menor. La práctica del mitraísmo, como la de todas las religiones paganas, fue declarada ilegal en el año 391 por el emperador Teodosio. Según Franz Cumont, en su estudio publicado a comienzos del siglo XX, el origen del mitraísmo se encuentra en el antiguo Irán. De hecho, Mitra es una divinidad indoirania cuyo origen puede remontarse hasta el II milenio a. C.: su nombre es mencionado por primera vez en un tratado entre los hititas y los mitani, escrito hacia el 1400 a. C. En la India, figura en los himnos védicos como dios de la luz, asociado a Váruna. En los Avesta iranios es un dios benéfico, colaborador de Ahura Mazda, y recibe el sobrenombre de ‘juez de las almas’. Es posible que su culto llegase a Occidente desde Irán gracias a la difusión del zoroastrismo, del que sería una especie de herejía. Sin embargo, los estudios actuales del mitraísmo tienden a considerar que no puede admitirse una filiación directa entre el Mitra indoiranio y el del mitraísmo, al que a veces denominan Mitras o Mithras, usando la forma griega de su nombre para diferenciarle del primero. El culto a Mitra se realizaba en templos denominados mitreos (latín mithraeum, pl. mithraea). Estos espacios eran en un principio cavernas naturales, y, más adelante, construcciones artificiales imitándolas, oscuras y carentes de ventanas. Tenían una capacidad limitada; la mayor parte de ellos no podían acoger a más de treinta o cuarenta personas”.
Durante la construcción de la actual iglesia, se encontró una lápida en su interior, con el nombre griego de Fileto, documentada históricamente, lo que evidenciaría su historia como lugar de culto pagano, por mucho que lo intente ocultar la Iglesia Católica.

El barrio judío
Las juderías surgieron en principio como resultado de la intolerancia practicada por los cristianos y del deseo por parte de los judíos de mantener su unidad y exclusividad. El papa Pablo IV creó la primera judería legal en Roma en el año 1555. Juderías similares fueron creadas en la mayoría de los países de Europa durante los tres siglos siguientes. Solían estar rodeadas por murallas y sus puertas se cerraban al anochecer. En muchos casos los judíos estaban obligados a llevar un identificativo cuando salían fuera de su recinto. La abolición de este sistema se produjo a raíz de la Revolución Francesa y de los movimientos liberales del siglo XIX. En 1870 la judería de Roma, la última legal que quedaba en Europa, fue abolida por Víctor Manuel II, rey de Italia.

Call, como se les conoce en catalán, y del hebreo kahal, es la palabra utilizada para designar las juderías o barrios judíos.
Sólo hace referencia al espacio físico, en ningún momento se utiliza este término como sinónimo de comunidad judía.
Los calls más importantes fueron los de Barcelona, Girona y Palma de Mallorca.
El Call de Barcelona estaba en el actual Barrio Gótico, en los alrededores de la catedral. Era el call más grande, con una población de unas 5.000 personas. Entre la plaza de Sant Jaume y la calle de Sant Honorat se encontraba una de las dos puertas de la judería. La actual calle de Sant Domènec del Call era la arteria principal del barrio. Debe su nombre a la destrucción del mismo, que tuvo lugar a consecuencia de un linchamiento el 5 de agosto de 1391, festividad de santo Domingo. El saqueo duró dos días, durante los cuales fueron asesinados 200 judíos y expulsado el resto.
Recientemente el historiador Jaume Riera i Sans ha podido documentar el emplazamiento de la antigua sinagoga mayor de la judería de Barcelona en la confluencia de las calles Sant Domènec del Call y Marlet. Parece que el emplazamiento de la sinagoga está claro, aunque no los restos arqueológicos que se han podido conservar en su interior y que, a simple vista, parecen románicos.
Los límites de la judería medieval de Barcelona están bastante claros: el barrio judío estaba delimitado por las actuales calles Call -que era la entrada principal en su confluencia con la plaza Sant Jaume-, Banys Nous -cuando todavía se erigía en ella la muralla romana que hoy ha quedado oculta bajo los edificios impares de la calle y que es visible en algunos tramos-, la Baixada de Santa Eulàlia, la calle Sant Sever y, por último, la actual calle Sant Honorat, que antes de la construcción del Palau de la Generalitat llegaba prácticamente hasta la calle Bisbe.
Es bien conocida la lápida que se puede ver en la calle Marlet de la judería. Se trata de una copia que sustituyó a la original en 1981 (la original se encuentra en un almacén del Museu d’Història de la Ciutat) y recuerda la fundación de un hospital auspiciado por Samuel ha-Sardí, uno de los miembros más destacados de la aljama de Barcelona durante el siglo XIII. En 1820 (fecha de la construcción del edificio donde se encontraba la lápida) se colocó al lado una extensa, pero errónea, interpretación de los caracteres hebreos, que tiene poco que ver con las traducciones autorizadas modernas. El hebraista Eduard Feliu la ha traducido como: “Fundación pía de Samuel ha-Sardí; su luz arde permanentemente”.

¿Por qué fueron perseguidos hasta tal punto de producirse linchamientos en toda Europa? ¿Qué ocurrió en Barcelona? Una de las causas de la crisis agraria de la Edad Media puede ser la disminución de la cosecha de cereales que sería, a su vez, consecuencia -por ejemplo- del periodo de malas condiciones climatológicas persistentes (sequías, lluvias a destiempo, agotamiento de los terrenos, crisis de subsistencias…).
Una gran cantidad de epidemias que sufrió Europa en el siglo XIV son conocidas como Peste negra. Aunque se sospecha que se trata de un conjunto de enfermedades bacterianas —generalmente variantes de la Peste pulmonar, como la Peste bubónica y la Peste septicémica; unidas quizá al Ántrax— que atacaban juntas, no hay una explicación definitiva. Estas enfermedades vinieron de Oriente transportadas por las ratas negras de los barcos y se habla de ella por primera vez en el año 1348. La peste tomó su nombre de uno de sus más terribles síntomas: unos ganglios, llamados bubones o landres, de aspecto negruzco que, si reventaban, supuraban sangre y pus. Otros síntomas eran, la fiebre alta, el dolor de cabeza, los escalofríos y los delirios. La mayor parte moría en un plazo de 48 horas pero, afortunadamente, una minoría lograba superar la enfermedad y sobrevivir, quedando inmunizados.
En general, los males se achacaban a algún tipo de castigo divino, es como si los cuatro jinetes del Apocalipsis se cernieran sobre la Tierra, lo que exacerbó la religiosidad popular, la superstición y el fanatismo. Por un lado, proliferan las rogativas y las misas, las procesiones de disciplinantes, vestidos con harapos, flagelándose y pidiendo perdón a Dios al grito de ‘poenitentiam agite’. Por otro, se produce una creciente tendencia a refugiarse en lo trascendente, a la búsqueda de respuestas en otra parte, desconfiando de la Iglesia; el caso más extremo (y en España muy minoritario) es la pérdida de confianza en la propia religión: la recuperación de la idea del Carpe diem, fielmente reflejada en el Decamerón de Bocaccio.
En cualquier caso, predominan las explicaciones supersticiosas y llenas de prejuicios, como quienes propusieron que un cometa envenenó el aire; pero la mayoría echó las culpas a las minorías no cristianas: moriscos y, sobre todo, judíos. El mito de la profanación de la hostia por parte de los judíos surgió del mismo ritual cristiano, que traduce simbólicamente el vino en sangre y la oblea en carne de Cristo. En la Edad Media no fueron pocos los que vieron en ella manchas de sangre, atribuyendo a este hecho un carácter milagroso cuando posiblemente, según cuenta Tannahill (1976), se trataba de un fenómeno de putrefacción por la acción de un bacilo. Los judíos serían acusados reiteradamente de tratar de imitar esta ceremonia punzando la hostia para que manase sangre. En 1410, en Segovia los hebreos se conjuraron, al parecer, para ultrajar, quemándola, una hostia consagrada. Berceo (Milagros de Nuestra Señora) describe el episodio de un niño judío horneado por sus propios padres, aunque salió ileso, al confesarles que había estado oyendo misa y comulgando con los cristianos.
Se conocen numerosos relatos, más o menos históricos, en los que se vieron envueltos los judíos. En Cuenca circula la leyenda de los amores de un caballero cristiano, Fernando Sánchez de Jaraba, y una hermosa hebrea, Isabel. Dispuesta a contraer matrimonio, la muchacha se convirtió al cristianismo, despertando los celos de un pretendiente judío. Reunida secretamente la comunidad hebrea para juzgar su traición, la joven desapareció, corriéndose la voz de que había sido crucificada y enterrada. Los cristianos, inflamados por el rumor de que los judíos sacrificaban niños y doncellas en el transcurso de sus ritos, asaltaron la judería, provocando una matanza que ha pasado a los anales de la ciudad. Parecida leyenda es recogida por Bécquer en “La rosa de Pasión”. En torno al año 1260 los judíos de Salamanca fueron acusados de raptar, robar y asesinar al hijo de un mercader, aunque luego se demostró que eran otros los culpables.
La puerta de la orden del Temple
La presencia en Barcelona de la Orden del Temple, conocidos como Templarios, contempla la citación inexcusable de la encomienda formada por Palau del Vallés o Palau Solitá, y la casa del Temple en Barcelona. La Casa del Vallés estaba ubicada en Palau-Solitá, que actualmente es un municipio del Valles Occidental, situado al este de la comarca, a un lado y otro de la riera de Caldes.

La Orden del Temple comenzó a recibir donaciones de tierras del Vallés desde los primeros momentos en que se establecieron contactos con los condes catalanes. La primera, fechada en 1131, es una propiedad en Sant Pere de Vilamajor.
En el año 1134, los magnates catalanes se reunieron para constituir en una asamblea de lo que constituiría la base sobre la cual establecer los derechos y deberes del establecimiento del Orden del Temple en el país. Una semana después se documenta la donación a la Orden de unas casas y torres en Barcelona. La Orden adquirió así propiedades cerca del castillo de Regomir. Con el tiempo el lugar se convirtió en el convento de Barcelona.
Al mismo tiempo que La Orden recibía estas donaciones en Barcelona, empezaban de forma paralela las donaciones en el Vallés. La primera fue una casa en Santa Perpetua de La Mogoda sobre el 1150.
Parece ser que, en un principio, la casa de Barcelona no era un convento, pero con el tiempo, y sobre todo a causa de los negocios que tenía el comendador del Vallés con los oficiales reales, acabó por serlo. Entonces fue cuando se desplazó la encomienda del Vallés a Barcelona. Diversos autores sitúan este traspaso sobre el 1282.
En la ciudad de Barcelona, las principales donaciones después de aquellas primeras, se concentraron en la montaña de Montjuïc. Con la llegada del siglo XIII, en los alrededores de la muralla romana de la ciudad habían ido apareciendo satélites de población que tenían como ejes los caminos que salían de las ciudades en todas direcciones. La acción de la Orden se desarrolla en la zona de debajo del muro de su fortaleza.
En la Casa de Barcelona destacó de una manera notable, la actividad portuaria. Por aquel entonces Barcelona era uno de los puertos del mediterráneo más importantes, y uno de los más utilizados por los templarios catalanes en sus relaciones con Tierra Santa y con otras provincias mediterráneas.

En la actualidad la capilla es el único elemento conservado del antiguo convento templario. Está situada entre las calles Ataülf y Palau. Es, en esencia, la misma que mandó construir el comendador, Pere Gil, hacia el año 1246, cuando le fue concedida por el Obispo de Barcelona según reza en los escritos históricos: ” Quod Magister et Domus milicie templi ad honorem Dei et gloriose uirginis matris sue Ecclessiam in ciuitate predicta in domo sua construant, et altaria erigant”.
La capilla es un edificio de una sola nave orientada al sudoeste, hecho que contradice la norma medieval de situarla hacia levante. Puede sin embargo responder a unas necesidades urbanísticas ya existentes en la época. Los muros tienen un grosor de 1,5 metros y la planta mide 25 metros de largo por 10,65 de ancho. Interiormente, la nave está dividida en seis tramos, por cinco arcos ligeramente apuntados, de igual altura que la luz, es decir, 10,65 metros. El ábside es semi-hexagonal, aunque lo más importante a destacar es la utilización de la estructura en arcos de diafragma, para cubrir la iglesia. También es importante la decisión de preferir una planta tradicional enfrente de la radial que usaron los templarios en ciertas encomiendas como París, Londres o Tomar.
Jaime I abrió una puerta para acceder a la encomienda templara (institución socioeconómica de la Orden del Temple) una puerta que todavía puede apreciarse en la calle Timó.
Las farolas en honor a Mercurio de Antoni Gaudí
Siguiendo este recorrido iremos a parar a las farolas de la Plaza Real de Barcelona, obra de Antoni Gaudí, en 1879, al que podría decírsele que siempre estuvo vinculado a la masonería.

Las farolas tienen tres y seis brazos, según el modelo. Dos de las de seis brazos fueron fundidas en bronce y con una combinación de hierro forjado, depositándose sobre una base de piedra.
El número Seis es la suma de los tres primeros números: 1 + 2 + 3. Representa la cualidad amorosa en la creación, la armonía y el equilibrio. Simbólicamente, aparece como la estrella de seis puntas del sello de Salomón, o escudo de David, constituido por la fusión armónica de dos triángulos, uno con el vértice hacia arriba y el otro hacia abajo, y que fueron usados frecuentemente por Gaudí, sobre todo en la fachada de la Sagrada Familia.
Curiosamente, Adán y Eva fueron creados por Dios, según el Génesis, en el día seis. El Seis es la vibración de Venus, amor y belleza; en música, la nota La, en geometría, el hexágono. Es también la atracción y oposición del mundo humano versus el divino, guiado por el amor, como en el antiguo emblema hermético: «como es arriba es abajo». Es la posibilidad de fusión o reflejo de la trinidad divina del mundo trascendente con la trinidad humana. El hinduismo habla de los «seis sentidos»: los cinco corporales más la mente discriminativa, capaz de separar lo verdadero de lo falso. En la astrología hay seis signos activos - fuego y aire -, y seis pasivos - tierra y agua. En el I Ching, la respuesta del consultante está dada en un «recorte del instante» llamado hexagrama; en él se detiene el tiempo lineal por un momento para representar la realidad intemporal del consultante. Cada hexagrama se compone de dos trigramas, dos veces tres, siendo éste el número mínimo de fuerzas que constituyen cualquier circunstancia. No es de extrañar que el número Seis fuera usado por Gaudí para esta obra.
Lo más llamativo de esta decoración es que existe una representación del dios Mercurio en su parte superior, con su casco alado, junto a dos serpientes que se enroscan en el brazo central.
La palabra Hermetismo se deriva de Hermes Trismegisto, el tres veces grande, personaje legendario que los egipcios dieron por nombre “Toht”, que fue quien transmitió la filosofía Perenne y la ciencia esotérica al Occidente. El pueblo griego lo asimilo al Dios Hermes, el Mercurio Romano, mensajero de los dioses y transmisor de la enseñanza primordial. Las farolas de tres brazos fueron colocadas delante del Gobierno Civil, en Pla de Palau, un año después.

La casa de la Inquisición
Encontrar vestigios medievales en la Ciudad Condal no resulta difícil si uno se fija con detenimiento. En nuestra recta final, junto a una pared de una calle colindante a la Catedral de Barcelona (Carrer dels Comtes) podemos encontrar un impactante escudo policromado que representaba al temido Santo Oficio de la Inquisición, alojados ellos en un edificio de la Plaza de Ivoa desde 1542.

A pesar del lógico desgaste del tiempo, se puede observar perfectamente el escudo de Felipe II (un diseño de 1580 realizado a partir de su coronación como rey de Portugal) junto a los símbolos de la Inquisición, una cruz cristiana acompañada de una espada que simboliza el trato a los herejes y una rama de olivo que significa la reconciliación con los arrepentidos.
El escudo se encuentra en la actual sede del Museo Frederic Mares y que originalmente formó parte del Palacio Real Mayor, antigua residencia de los Condes de Barcelona.

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