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La montaņa del secreto, Montsegur.

Estarán de acuerdo los amantes del misterio y de la historia que Montsegur, su leyenda y los hechos con los que se relaciona pueden llegar a raptar nuestra imaginación de modo irremediable. Al menos eso me ocurrió a mí que al soñar con el Grial, el llamado Santo Grial, me topé con esa montaña de Montsegur hace ya muchos años. Pero antes de seguir con unos hechos más recientes y personales me gustaría narraros otros más antiguos pero fundamentales para esta pequeña historia.

Cuando Rudolph Steiner al que calificaron como Maestro de la Ciencia Oculta e iniciador de la Ciencia Antroposófica conoció al general Helmuth von Moltke (comandante en jefe de la Armada Alemana) comenzó una de las peripecias más curiosas en relación a la montaña de Montsegur. Dicen que uno de los grandes intereses de Moltke era la búsqueda del famoso Santo Grial y de la mística medieval y tanto Steiner como Moltke parecían compartir ésta búsqueda que, por increíble que parezca, consideraban de vital importancia.
Moltke no estaba sólo. Aparte de sus conocimientos ocultos que le llevaron a reconocer el ritual de la sangre como vinculado al Grial y uno de los más poderosos de todas las épocas contó con la ayuda de personas especializadas en historia y en arqueología y contactos con profesores de alguna que otra universidad. También, Steiner conoció a Jules Dionel, el primer obispo de la Iglesia Gnóstica, según dicen, proclamado asimismo obispo cátaro de Tolosa gracias a una sesión espiritista. Dionel junto a Helena Blavastky, de origen ruso y seguidora de la Teosofía Antroposófica, crearon el Círculo Teosófico de París. Fue en la Iglesia Gnóstica en donde se situó el Catarismo de la época. Bajo ése contexto empezó una proliferación de libros que hablaban de las antiguas tradiciones del Grial y de sus guardianes. Libros que apuntaban a que la obra o Ciclo Artúrico de Wolfram von Eschenbach, el poeta alemán medieval, tenía una base real. Por primera vez se interpretó, por así decirlo, o se reconoció abiertamente que “los templarios podían haber conocido el secreto del Grial”.
El famoso pentagrama en el antiguo poblado medieval.

Entrada al túnel natural que conduce al interior del Pog de Montsegur, según mi amigo francés. En la apertura inferior derecha se puede aún escuchar el ruido del agua, sobre todo cuando llueve.
También fue el inicio del mito cátaro según el cual se aseguraba que el “Montsalvat” de la obra medieval en donde se guardaba la Copa podía ser Montsegur, fortaleza y montaña medieval cátara, una de las últimas en caer en manos de los cruzados cristianos en el sur de Francia. La información explícita contenida en esos documentos los firmaba un tal Napoleón Peyrat que era contemporáneo de Dionel y de Rudolph Steiner. El enigma cátaro se extendió por Francia como la pólvora. Poco después Joseph Peladan, también seguidor de la Iglesia Gnóstica y del Catarismo "recalentó" aquel entorno pseudomístico, comunicando más información “secreta” al respecto. El tema absorbió a los ocultistas de Paris que, impresionados, conjuraron una y otra vez a los espíritus del más allá para conocer el paradero del Grial.
Según se dice, cuando Dionel se auto calificó obispo de la Iglesia gnóstica por mandamiento de los espíritus describió el proceso argumentando que el Eón Jesús se le había aparecido y que fue asistido por obispos bogomilos.
Esos modernos nuevos cátaros tomaron muchos de los preceptos de los antiguos. Entre ellos se formularon la famosa pregunta que ya había metido a los antiguos perfectos cátaros en multitud de problemas con la Iglesia: si existe un cielo y un infierno, ¿Qué es la tierra? Con lo que concluyeron que la Tierra era el infierno y el Papa su representante. Así, mediante la asimilación de que Jesús no era el Mesías y que el mundo material pertenecía absolutamente al diablo, por llamarlo de alguna manera, los nuevos sacerdotes quedaron convencidos de que en realidad la famosa Copa, así como las demás reliquias de la Pasión de Cristo, podrían servir también a la invocación del Mal y no del Bien.
Ése pudo ser uno de los motivos por los que Otto Rahn, años más tarde, fue mandado obtener alguna pista real sobre el paradero de la Copa Santa por la SS de Himmler. Si el Grial había contenido la sangre de Cristo y la Santa Lanza le había dado muerte y, por tanto, atendiendo al principio de la dualidad Bien-Mal que suponía la existencia de una Iglesia oculta y opuesta a la de Cristo desde la antigüedad, -en referencia a Adsón del convento de Montier-en-Der, en Francia-, ¿la misma Lanza que había provocado su muerte debía servir ahora para dar la vida al anticristo?
Sin embargo, nuestro amigo Otto se encontró con que el catarismo estaba ligado a una cultura ancestral más antigua y poética que el “nuevo catarismo místico-nazi” y que muchas de las supuestas afirmaciones pregonadas en la “nueva Alemania” quizás no fueran ciertas del todo. Aunque Otto Rahn fue un personaje importante en esta historia no hay que perder de vista que fue un grupo concreto el que le abrió las puertas de Montsegur. Ese grupo existía y muy posiblemente, aún existe. Lo único cierto es que conoció la historia y leyó en las declaraciones de la Inquisición que decían:
Berenguer de lavelanet declaró: “...y pidieron a Raimond de Pereille, ex señor de este castillo, y suplicaron recibir a estos Perfectos debajo del castillo...” “...he escuchado de Raimond Monic que Amiel Aicard, Peytavi y dos otros Perfectos fueron escondidos debajo tierra a la rendición de los demás Perfectos y salieron del castillo de Montsegur...” y Guillaume de Bouan de Lavelanet añadió, “...he oído que Bernard Guilhem y Bernard d’Auvezines, los Perfectos que realizaban la vigilancia (en la torre vigía) que los perfectos Amiel Aicard y Huc habían salido fuera del castillo con una cuerda por el precipicio bajo el castillo de Pierre Roger en la noche del día en que se entregó el castillo a manos del Rey y de la Iglesia.”
El asunto o la idea de que existían cuevas ocultas en el Pog de Montsegur fue incrementándose a pesar de que los historiadores afirman con lógica que "debajo del castillo" no se refiere a que haya una sala, sino simplemente a la altura en que estaban los huidos en relación a la fortaleza. Pero también Jean de Cabanac aseguraba que la obra “La Imitación de Cristo” fue escrita en “las salas romanas de Montsegur” y entre el siglo diecinueve y principios del veinte se redescubrieron secretamente cuevas y aperturas en el Pog en donde se localizaron escaleras medievales que no conducían a ningún sitio porque se habían tapiado por acción de la mano del hombre. Así, fueron Joseph Peladan y Antonin Gadal quienes afirmaron, junto a los teosóficos, que el auténtico Grial había estado en Montsegur aquella noche de la fuga, es más, que era el objeto que los cuatro fugitivos llevaron y ocultaron para que la Iglesia Católica no lo recuperara. Así, con toda esa historia y muchas otras en mi cabeza decidí por tercera vez visitar la montaña “mística” con el propósito de descubrir algún indicio de si el Pog de Montsegur estaba hueco, porque todo hay que decirlo, sería muy normal por sus condiciones geológicas y estructura típicamente pirenaica.
Así, andaba yo el día 27 de agosto de 2004 por la mañana, por las tranquilas calles del pueblo de Montsegur y observando la localización de ciertos lugares cuando me llamó la atención una improvisada sala de arte local con símbolos supuestamente cátaros. En la sala no había nadie, unas sillas y cuadros pequeños expuestos en la pared así como alguna que otra piedra con la paloma cátara grabada.
Con que me gustó una de estas piedras busqué al vendedor que finalmente vino. Se me presentó con una boina negra enorme y gran nariz y le compré una. Como le gustaba hablar – y a mí también – empecé a preguntarle sobre el pog, las cuevas o agujeros, etc. Dio la casualidad de que era espeleólogo retirado que había sido asignado por Tolosa de Languedoc en el departamento de Ariège en esa región.
Poco a poco, me vino a decir que él conocía aquellas grutas tapiadas por la mano humana hace años. Me explicó que Montsegur, la montaña, estaba efectivamente compuesta de dos tipos de roca cárstica, típica en el pirineo y pre pirineo. Después de mucho hablar y hacernos algo así como amigos decidió cerrar el local y nos encaminamos hacia el lado sur de la montaña en donde pasa la carretera y en donde los turistas brillan por su ausencia. Por debajo de aquella montaña anduvimos a veces entre la maleza y me indicó dos lugares precisos. Fue en los años 50 del siglo pasado cuando la maquinaria y los explosivos que se utilizaron para abrir la carretera entre aquellas rocas ciclópeas abrieron dos cuevas que el ayuntamiento mandó tapar de inmediato. En la primera, se abrió una cueva que según sus propias palabras alcanzaba los 60 metros de altura. El segundo caso – mucho más interesante– se descubrió un túnel que se situaba en la línea del castillo de Montsegur y proseguía al río o torrente –seco en aquella estación del año.
Ése túnel natural era un especie de río subterráneo pero aun siendo natural, mi amigo occitano (en realidad gascón) me aseguró que dentro había visto escalones, sí, escalones medievales que los cátaros utilizaban y utilizaron para su huída. Estupefacto por aquella revelación y el sol ya acostándose decidimos despedirnos hasta la mañana siguiente. Yo me dirigí hacia el hostal con la intención de acabar con mi hambre costara lo que costara y me comí un “Coq au vin” (gallo al vino) y mientras volvía a llenarme de vino el vaso consideré:
1. “Soy turista y se lo ha pasado pipa conmigo”. Deseché esta posibilidad por muchos indicios y no venía al caso.
2. Los antiguos, en muchas ocasiones, construían o utilizaban un pasadizo que conducía al río. Eso se hacía por dos motivos. Uno para que en caso de asedio se dispusiera de agua. El segundo para huir.
3. Si eso es cierto, más abajo del lugar indicado ha de estar la salida, es decir, en el río.
4. Pudiera ser que los que declararon en el juicio contra los cátaros mintieran para despistar a los inquisidores. No tomaron el camino norte y luego rodearon la región. Si no que tomaron directamente el camino sur atravesando los pirineos.
A la mañana siguiente, tan pronto como pude levantarme, desayunar y equiparme me fui a la carretera, aparqué el coche y emprendí el camino por una ladera muy precipitada hacia el río. Éste era ancho y absolutamente lleno de rocas, algunas muy grandes. Después de caminar dificultosamente decenas de metros llegué hasta la línea imaginaria que une el castillo, la “Roc de la tour” y la primera boca tapiada que me había indicado aquel señor.

El peldaño de Montsegur
Ése era el lugar en donde tenía que buscar. Y así lo hice. Cuando me di cuenta eran casi las 3 de la tarde. Cansado, me senté en un gran promontorio para comer algo. Mientras lo hacía observaba cada roca y al fin visualicé una que singularmente era distinta. Me acerqué y allí delante de mí florecía medio sepultada un lado extrañamente redondeado, más bien pulido por alguna mano experta, en ningún caso por la naturaleza. ¿Lo había encontrado?, ¿era esa la prueba de la existencia de los escalones? En mi excitación, cargué la piedra sobre mis hombros hasta cerca de donde estaba el coche y la escondí.
Al día siguiente fui a buscar a mi amigo francés. Le expliqué mi aventura y observé que sus ojos se iluminaban al tiempo que mis palabras salían de mi boca. Nos movimos. Al cabo de poco nos hallábamos delante de la piedra escondida, tal como yo la había dejado el día anterior.
Recogimos el escalón como pudimos y lo llevamos ocultamente al pueblo. Él no quería que las personas, sus vecinos, el alcalde y sus amigos arqueólogos pudieran verla, pero me insistió en conservarla para poder consultar con unos expertos si realmente era un escalón o no. Cosa que a lo mejor hizo y digo quizás porque meses después confesó que “sus expertos” habían concluido que efectivamente esa piedra era medieval, que estaba hecha por manos canteras de la época pero que no era un escalón sino que podría haber formado parte de una ventana y que seguramente el río la había traído de algún otro sitio, ¿pero de cuál? Solamente un detalle no se me escapó: la parte lisa de la roca había sido punzada con pequeños agujeros en línea recta y en varias líneas paralelas y sabía que esta técnica era usada en los escalones para no resbalar cuando la humedad era latente.
No acabé de verlo claro. Un año después, volví a Montsegur, y hablé de nuevo con él pero se mostró nervioso e inquieto y ya no quiso volver a hablar del tema.
Para mí el hecho de tener la roca o no, no tenía demasiada importancia, además no me pertenecía. Lo importante era la posibilidad de que dentro de Montsegur se hallen unas cuevas naturales que los cátaros utilizaron para sus rituales. Que las leyendas pudieran tener una base real y que ese conocimiento podría ser uno de los descubrimientos actuales más grandes del pasado de los cátaros.

Mapa de localización


Dani Rodellas El Cercle Enigmàtic
www.elcercleenigmatic.info